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EL MUNDO - SAN JUAN, PUERTO RICO - DOMINGO, 10 DE FEBRERO DE 1946

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El Ómnibus Eléctrico

Por F. Sotomayor Ralat


Con este trabajo comenzamos una breve serie de artículos relacionados con el ómnibus eléctrico. Al hacerlo nos impulsa un solo motivo: llevar a la mente del público en general de la zona metropolitana de San Juan un concepto claro de qué es y cómo funciona el ómnibus eléctrico.

Recientemente se ha estado agitando de nuevo la idea de introducir en Puerto Rico este popular, eficiente y económico vehículo. Ya para antes del comienzo de la segunda guerra mundial la idea de substituir aquí en San Juan al actual tranvía con el rápido ómnibus eléctrico era una realidad en la mente de distinguidos ingenieros portorriqueños. El señor Bloise, actual Director Ejecutivo de la Autoridad de Transporte, informó al que subscribe que, ya acariciada la idea de adueñarse de las propiedades de la antigua companía de la luz, los altos ejecutivos de la Autoridad de Fuentes Fluviales ya habían hecho estudios para la conversión del actual sistema de carros eléctricos en ómnibus eléctricos con un sistema aéreo ''digno de mirarse descansando en postes ornamentales''.

Mientras tanto, ¿qué planes desarrollaba la Porto Rico Railway, Light and Power Company? Allá vamos: protegida por una Comisión de Servicio Público ignorante o indiferente, según sea el caso, la compañía iba sistemáticamente eliminando cuanto carro eléctrico sufría desperfectos de consideración, dándose el caso de que para el año 1941 ya solamente existían cinco carros capaces de funcionar durante un período de dieciocho horas diarias. ¿Quién era responsable de la desaparición gradual y precisa de TREINTA carros eléctricos? ¿Qué se hizo el equipo electro-mecánico de aquellos coches? Ya en otra ocasión hablamos de la desaparición en masa de muchas de las cajas en hermosa pero amenazante candelaria en las proximidades de la plaza de la ciudad universitaria. Pues bien, se puede trazar con bastante claridad el sendero del equipo electro-mecánico: todas aquellas partes del equipo que contenían cobre eran compradas por un comerciante en Puerta de Tierra y éste lo embarcaba, según se nos informó muchas veces, hacia los Estados Unidos. ¿Y el hierro y el acero? Otro comerciante en hierros viejos, según el mismo informara al que subscribe, lo iba amontonando en cantidades enormes mientras aguardaba la llegada de un barco japonés que periódicamente entraba a puerto en busca de ''hierros viejos''.

Sin embargo, no faltó quien diera una batalla por el trole en la antigua compañía de la luz. El que estas líneas escribe, con enormes desventajas y en situación especialísima que no viene al caso mencionar ahora, fué movido de otros departamentos de la compañía, y asignado al trabajo de ayudar a tener en pie a la víctima ya decapitada. Se le injertó una nueva cabeza, se le amputaron esenciales brazos, y aunque la víctima se conservó viva, no era posible que lo estuviera mucho tiempo ya que se cometió el grave descuido de reducir a grado superlativo su subsistencia.

¿No era mejor dejar morir al enfermo? Largas, interminables horas de labor día y noche pasó el que estas líneas escribe a la cabecera del enfermo.

El problema era feo. Si se mencionaba abandonar el trole el público ponía el grito en las nubes. Naturalmente, la compañía, cansada de sostener en pie un muerto, lo hubiese dejado caer de bruces, pero no se atrevía. Distinguidos abogados le salieron al paso. En privado y a través de la Prensa... "El trole", le argumentaban, "es parte de la franquicia. Suspenderlo significa el abandono de la franquicia... "Y ante esa amenaza no había quien se atreviera dar el  golpe final al trole.

Entonces, sólo quedaba un camino. Si el trole no podía detenerse, ¿por qué no mejorarlo? El lector tendrá que tener un poco de paciencia con este poco de historia, pero es indispensable narrarla para llegar al presente.

Allá para el año 1938 el que subscribe llevó ante la consideración de su oficial ejecutivo lo que aparentaba ser una lógica solución del problema del trole. Ya estaba en desarrollo en varias ciudades de los Estados Unidos el llamado "trole sin vía", mejor conocido hoy como ómnibus eléctrico.

El plan era el siguiente: preparar una serie de artículos ilustrados para ser publicados en la Prensa del país dando a conocer el ómnibus eléctrico y, contando con la aceptación general, que la compañía realizase la necesaria inversión en beneficio de ''sus intereses y los del público".

Todavía es de recordar la impresión que la idea causó en el ejecutivo mencionado:

''¿Tú quieres que Mr. Krug te bote? ¿Y si tú publicas algo sobre el trole sin vía y le caen encima a la compañía? ¿Si se levanta la opinión popular y le cae EL MUNDO encima la companía? ¿Dónde crees tú que vas a parar? ¡No, Sotomayor, deja eso y sigue esperando el curso de los acontecimientos!''

Así expiró, allá para el año 1938, en la Porto Rico Railway, Light and Power Company, la única idea que jamás se presentó en fila para la solución, de raíz, del problema del trole.




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